Soy yo
delante de un camino
que se bifurca en la tarde
casi gris
de un otoño llegado sin quererlo.
Mi mirada se pierde en el final
de las dos rutas que forman una y.
La derecha o la izquierda me pregunto,
y dudo porque no veo el destino.
Cuando lanzo mis pies sobre la tierra
lo hago por el camino de la izquierda
que discurre
solitario hacia la noche.
De pronto, en la ramas de una encina,
un gorrión me sorprende
con su canto alocado,
que no entiendo.
Me protejo bajo las ramas recias
De la soledad incierta,
mientras él sigue desgranando su mensaje.
Cuando le miro, vuela.
y yo me pongo en marcha con mi nuevo compañero
que no cesa de hablarme,
aunque yo no lo entiendo.
Pero ya no voy solo.
Cuando las estrellas nazcan
Las miraré con tus ojos.

